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The Modal Soul

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Perú

Perú no era un país, ni una ciudad; tampoco un pueblo, o un barrio. Era más bien una ruta, un trayecto, una vía, que circulaba de aquí para allá y de allá para acá. Conocía el campo y grandes pastos, la ciudad y algunos bares, los ríos, mares y corales, el desierto y la arena (movediza como él). No tenía lugares espléndidos como Lima, Cuzco o Machu Picchu, tampoco era sagrado como el Valle de los Incas, ni era una leyenda como las que flotaban sobre el Lago Titicaca; sin embargo, dejaba rastros, pistas, marcas, como las líneas de Nazca, curiosas, místicas, extraordinarias. Perú era un trotamundos, por el que el corazón se acongojaba cada partida. Perú era el perro elegido, el favorito, el camino a la vida.

J72

Extraviada me sentí luego de que los ví. Acababa de leer una crónica que los describía.

Estaba esperando el J72 y ahí estaban, hablando de música, eran bastante llamativos, y no porque hablaran fuerte, sino por su forma de vestir, por sus caras inocentes y por su soledad. Quería saberlo todo, de dónde venían, cómo se llamaban, cuál era su próximo destino. Por qué vestían como bohemios, cuántos años tenían, si realmente yo estaba en lo cierto y tenían 13 o más o menos. Dónde vivían, con quién vivían, cómo habían llegado al portal norte, dónde se conocieron, si sus vidas eran como las de un niño extraviado, si lo que yo pensaba por la primera impresión era cierto o estaba completamente errada y lejos de su realidad, por qué iban solos. Dónde estaba su familia; si estudiaban, dónde estudiaban, por qué los tenis rojos, por qué los tenis rotos, por qué se haría una expansión, por qué las boinas, por qué la camisa blanca, por qué la mochila de nirvana, por qué el vestido de flores. En qué creían, en qué pensaban, qué jugaban, por qué el humor negro, dónde crecieron, con quién crecieron, cuáles eran sus sueños, cuáles eran sus pretensiones. Por qué la intención de robar las gomas que vendía un rehabilitado cristiano, de dónde venía su malicia, quién les enseñó, por qué querer comportarse como un adulto, en qué momento perdieron la inocencia, cómo pasaron de “que divertido es saltar” a “guárdese eso” en dos minutos. Qué comían, si comían tres veces al día, cuál fue la última canción que escucharon, si escogieron esa vida, si huyeron de sus casas o tomaron el bus equivocado y jamás volvieron a saber de su hogar, cuál era su mejor recuerdo, a dónde quisieran viajar o huir, en dónde quisieran dormir, cuáles eran sus preferencias, si querían trabajar o estudiar, cuál era su ídolo, si tenían uno. Qué pasaría si se pierden, si se abandonan, si se pelean, si uno muere?

Nunca lo sabré.

B73

Hernando, 21 años. Iba con su chica, tiene tres meses de embarazo. Subió a lo que muchos, a pedir dinero y una sonrisa. Iba con su mejor ropa, una bufanda de cuadros, una chaqueta negra, un pantalón vino tinto y unos tenis negros. Su chica tenía un vestido de colores, que parecía de unas cinco tallas más que ella, unos leggins, un gorro tejido y unos tenis de bota.

Él entró por una puerta y ella por otra, estaban discutiendo y de igual forma se bajaron en Toberín. En el portal del norte la policía le incautó 109 paquetes de maní, los que vendería a lo largo del día. Los nervios, la desesperación y la ansiedad brotaban por sus poros; sin embargo, ahí estaba, a las 9:24 de la noche, frente a un poco más de 40 personas, suplicando piedad, comida o un hogar. Dijo que estaba saliendo de las drogas, que ya no dormía en las calles y que su condición no le permitía vestirse como alguien de estrato 5.

Saludó a algunas personas, incluyéndome a mi. Hacía bromas para romper la tensión, para acabar con esa línea imaginaria que lo separa de los que viven dignamente y de los que no,  de los que van sentados y de los que se paran al frente todos los días a pisar su propia mina. Cuando recorrió el vagón para recibir el dinero, sentí su olor, ese que lo delata.

Debía mirar qué hacían luego de bajarse, ya no por curiosidad, sino por lo que dejaba atrás y mis deseos de hacer más. Hernando, un año mayor que yo, se recostó sobre las rejas del Transmilenio, sólo veía su espalda. Por un momento sentí su desesperación como propia. Luego vi a su chica sentada a unos pocos metros de él, recostada sobre el vidrio de la estación.

Cuando se subieron, Hernando le gritaba con afán que se apurara, me pareció descortés. Pero, antes de terminar sus sencillas y claras palabras, pidió perdón por ese comportamiento que yo ya empezaba a cuestionar. Lo cierto es que su enojo podría hasta ser justificado, culpables o no, su decisión o no, pasan hambre y frío. Debe ser doloroso. Tener más años que sueños.

Hernando, 21 años, en seis meses padre, es mi constante reminiscencia.

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stevemccurrystudios:

Flowers have spoken to me more than I can tell in written words. They are the hieroglyphics of angels, loved by all men for the beauty of their character, though few can decipher even fragments of their meaning.
- Lydia M. Child 

From These Hands, A Journey Along the Coffee Trail has just been released by Phaidon Press.  

From the foothills of the Andes to the slopes of Kilimanjaro, the images document the realities of life for the people working at the source of this drink which millions of people enjoy every day - coffee.

https://stevemccurry.wordpress.com/2015/06/08/between-darkness-and-light-2/

(vía alliask0)

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